Un reciente informe de la consultora Deloitte (https://www2.deloitte.com/es/es/pages/about-deloitte/articles/impacto-economico-del-covid19.html) señalaba que “los retrasos en los envíos y en los calendarios de producción generarían problemas financieros para las empresas con grandes deudas. El declive de los mercados bursátiles y la huida de los inversores de riesgo, que venderían activos como bonos de alto rendimiento y acciones volátiles, dejarían expuestos a los inversores que hubieran infravalorado el riesgo”. Todo ello, más el miedo a posibles rebrotes, reducirá al máximo la liquidez en los mercados financieros a medio plazo.

Así las cosas, a partir de la primavera de 2021 las empresas se van a encontrar con un escenario que les va a hacer muy difícil acceder a nueva financiación. Por un lado, van a llegar a ese periodo con una cuenta de resultados deteriorada como consecuencia de la crisis causada por el Covid-19 y, además, van a tener unos balances sobre endeudados por la financiación adicional capturada para cubrir los pagos en los meses de baja actividad.

Si la banca mantiene los criterios de inversión que ha venido utilizando hasta ahora, pocas empresas van a cumplir los requisitos exigidos por el banco para obtener financiación. Llegados a este punto, van a tener que aparecer nuevos jugadores en el mercado, con criterios de inversión diferentes a los de la banca.

Estos nuevos players van a estar más dispuestos a asumir riesgos en la financiación de empresas, aceptando empresas con peores ratings, pero al mismo tiempo exigirán una mayor rentabilidad.

Los criterios de evaluación que estos inversores van a manejar provocarán que los empresarios tengan que abrir la mente. Y probablemente toda la empresa, si quieren contar con una nueva fuente de financiación.

A cambio de asumir ese mayor riesgo, estos nuevos operadores exigirán rentabilidades que en muchos casos irán ligadas a la rentabilidad de la empresa. Esto significará que la inversión se vehiculará a través de préstamos participativos o, directamente, mediante su incorporación al capital de la empresa en condición de socio.

En este sentido el empresario va a tener que compartir lo que hasta hace muy poco nunca había tenido que compartir: los beneficios, la condición de socio y quizás incluso la propia gestión de la empresa.