La situación actual de las empresas con la pandemia de COVID-19

Todavía queda bastante lejos la resolución de la situación sanitaria causada por la pandemia de COVID-19 y de la crisis económica causada por ésta. Muchas empresas han sobrevivido hasta la actualidad a base de financiar pérdidas con deuda, a la espera de tiempos más propicios. Con los créditos ICO lo único que han conseguido ha sido repartir el impacto económico negativo entre varios ejercicios, pero ni lo han eliminado ni lo han minimizado.

Otras empresas se han visto obligadas por sus bancos a sustituir la financiación de circulante por préstamos tradicionales, que hay que ir devolviendo. Esto, sin duda, perjudicará su liquidez en solo unos pocos meses. Además, la participación del ICO como tercer interviniente en estos préstamos va a restar flexibilidad a las empresas ante hipotéticas renegociaciones futuras con los bancos.

A todo esto, hay que sumar que, aunque el ICO avale hasta el 80% de los préstamos, los bancos se siguen mostrando reacios a conceder préstamos a empresas en las que ya no tuvieran una inversión previa “atrapada”, es decir, con las que ya no estuvieran comprometidos y cuyos intereses concuerden porque van en beneficio de las finanzas del banco. Esto hace que, como ya pronosticamos al comienzo de la pandemia, estemos observando cada vez más problemas de las pymes para acceder a financiación, especialmente, a la financiación tradicional: a través de los bancos. Las razones son variadas.

  • Acumulan un sobrendeudamiento por haber captado esos préstamos ICO, cuya devolución tiene difícil encaje con generación de “cash-flow” que se les intuye a las empresas para los próximos años posteriores a la pandemia.
  • Porque algunas de estas empresas ya presentan incidencias en registros de morosidad (Rai, Asnef, Cirbe, etc.).
  • Porque algunas también presentan deudas con Hacienda y con la Seguridad Social en periodo ejecutivo. Lo que les hace difícil acceder a ayudas públicas y, además, pone de manifiesto una tensión extrema de la situación de la tesorería.

Si sumamos a esto la esperada concentración bancaria, que dificultará a las empresas acceder a financiación al haber menos competencia entre bancos y, por otro lado, un esperable agotamiento de los avales del ICO, tenemos que concluir que habrá una importante escasez de liquidez en el mercado.

Adaptar la empresa al actual escenario

Con el escenario planteado en el apartado anterior ninguna empresa seria puede darse por no avisada o practicar la política de obviar los problemas. Es necesario que muchas pymes, si no quieren convertirse en empresa zombies, reacciones y se adapten ya a este escenario, que no es el futuro, sino el presente.

Algunos de los pasos necesarios e indiscutibles que aconsejamos dar a las pymes que deseen garantizar un futuro a su compañía son los siguientes.

Redimensionar la empresa a la demanda del mercado en cada momento

Esto exige estructuras flexibles, tanto de personal como de otro tipo. Por ejemplo, en la situación actual el régimen de propiedad sobre oficinas o locales pesará sobre las cuentas de las empresas, que tendrán muy difícil deshacerse a buen precio de esos activos que, además, pueden estar sobredimensionados. Reconducir esas oficinas propias hacia espacios de coworking que garanticen otra fuente de ingreso a las pymes puede ser una solución rápida que, además, nos garantice que disponemos de espacio para crecer en el futuro y que no perdemos la inversión realizada en el pasado con el pago de una hipoteca.

Del mismo modo, las plantillas deben ser lo más flexibles posibles. Las pymes deben tener una cartera de colaboradores expertos y fiables con los que contar en el caso de que crezca la demanda, pero que no supongan un desembolso fijo en nóminas cuando esa demanda está más baja.

El control de los gastos superfluos es también fundamental en este sentido, teniendo que equilibrar muy bien, especialmente, la necesidad de seguir ganando clientes con la inversión en campañas comerciales o en personal comercial. La medición del ROI de cada campaña es, ahora más que nunca, clave.

Estar preparados para el futuro

Hay que preparar a la empresa para cuando se vaya normalizando la situación sanitaria y se recupere la actividad. No sabemos de cuánto va a ser el rebote del PIB, pero el ahorro de las familias españolas –en un escenario en que, además, los bancos no retribuyen ese ahorro con intereses− está en una buena situación y puede augurar un auge del consumo en cuanto la situación sanitaria se normalice.

Si es así, el rebote del PIB puede ser importante y las empresas deben estar preparadas para crecer con él y hacer frente al auge de la demanda. En ese sentido, la flexibilidad que señalábamos en el apartado anterior es clave. Pero también lo es el contar con un plan para cuando ese momento llegue. Esto implica desde toda la liquidez posible para destinarla a nuevas contrataciones, campañas de marketing y comunicación, presencia en eventos, etc., hasta convenios firmados con proveedores y partners que nos permitan dar una respuesta rápida a un aumento de la demanda, sin que perdamos tiempo cuando ya el viento nos venga de popa en buscar esos acuerdos (lo que nos puede hacer perder clientes por no ser rápidos en la presentación de presupuestos, propuestas, etc.).

Reestructurar la empresa para obtener viabilidad.

Ya hemos hablado en el pasado, con detalle, de cómo y por qué restructurar una empresa puede ser su salvación.

Hoy quiero destacar que una reestructuración es necesaria cuando la empresa ha dejado de ser competitiva y su viabilidad corre verdadero riesgo. Entonces, no hay que perder ni un segundo en reorientar la compañía hacia nuevos objetivos y con nuevos procesos (y a veces nueva financiación), aprovechando aquellos bienes, tangibles o intangibles, que puedan ser aún valiosos para el nuevo negocio. Por ejemplo y muy comúnmente, una marca muy bien posicionada en el mercado o bien valorada por los clientes.

Esto permitirá a la compañía mantenerse a flote hasta que pueda regresar, si lo desea, a su ámbito principal de actuación. Además, presenta otros beneficios como:

  • Facilitar una venta beneficiosa.
  • Ayudar a rebajar costes y gastos.
  • Permitir una mayor agilidad en la toma de decisiones.

 La adaptación de las retribuciones

Un aspecto muy importante es el de las retribuciones. En una situación como la actual, el capital humano debe alinear su retribución con la rentabilidad de la empresa y ambos (trabajadores y empresa) deben configurar una simbiosis que les permita, a ambos, rentabilizar su relación. Hay que convencer al equipo humano de que, si la empresa no es viable, perderán sus puestos de trabajo en un momento en el que el mercado laboral está estancado y las prestaciones gubernamentales por desempleo comprometidas por la deuda pública.

Las soluciones creativas son fundamentales a este respecto. Desde empresas que dejen a sus empleados, a cambio de un porcentaje de sus salarios, entrar en su accionariado y en su dirección –comprometiéndoles así más estrechamente con el proyecto−, hasta renegociaciones que pasen parte del salario a un variable por objetivos disminuyendo la parte de nómina que supone un salario fijo.

Esta simbiosis es, en todo caso, básica para la supervivencia de las empresas en un momento de escasa liquidez y en el que los salarios improductivos pueden suponer una gran rémora para la competitividad.

La importancia de mejorar la gestión financiera para sobrevivir

Un aspecto clave y que por eso deseo destacar sobre los demás es el de la gestión financiera. Como hemos señalado al inicio de este artículo esperamos un futuro cercano con muy poca liquidez. Antes esto, ¿qué pueden hacer las empresas?

  • No deben esperar que los fondos del plan europeo Next Generation aporten liquidez a las empresas. Estos fondos se van a destinar a financiar inversiones. No van a servir para mantener empresas ya comprometidas financieramente.
  • No debemos especular sobre lo que pasará o sobre lo que dejará de pasar. Hay que ser ágiles y ejecutivos. Debemos capturar la máxima liquidez posible porque disponer de ellas va a ser un factor diferencial a la hora de competir durante los próximos meses. Literalmente, el factor que puede marcar la diferencia entre la viabilidad y resistencia de una empresa y su desaparición. Será clave, por ejemplo, en las negociaciones cliente / proveedor ya que quien de ambos disponga de una mayor liquidez va a poder capturar un mayor margen de esas negociaciones. Igualmente, una mayor liquidez puede ser clave para captar, a muy bajo coste, activos muy importantes: desde maquinaria hasta empresas, stocks, proveedores, …
  • Para preservar la liquidez hay que preservar la deuda. Para ello es fundamental retrasar al máximo su devolución utilizando todas las vías a nuestro alcance. Además, debemos tratar de mantener abiertas todas las líneas de financiación bancaria de circulante. Para ello debemos mimar mucho toda la operativa bancaria para mantener la confianza de los bancos y también debemos evitar incidencias en registros de morosos o mantener deudas con las administraciones públicas. Pero sobre todo debemos cuidar nuestro status financiero para complacer y sortear al algoritmo de la banca que, como ya hemos dicho en ocasiones anteriores, es de quien depende ahora mismo el futuro de muchas empresas. Para ello debemos aplicar los criterios contables más adecuados para que nuestros estados financieros muestren las mejores ratios.
  • Por último, cada vez va a ser más interesante disponer de fuentes de financiación fuera del circuito bancario y de entidades que no sean declarantes a la CIRBE. En algunos casos, se tratará de entidades que, además, exigirán participar en la gestión de la empresa.

Conclusión

La situación en los próximos meses será complicada para muchas empresas, de manera especial para las pymes. La captación de liquidez será importante, pero hay otros aspectos que también debemos tener en cuenta.

Debemos contemplar solo escenarios realistas, no perder el tiempo con futuros improbables donde una serie de casualidades mejora nuestros resultados. Debemos sustituir la planificación por una gestión dinámica y eficiente, que nos permita ser más ejecutivos, sin atender en exceso a la letra de los planes, que la realidad puede dejar en papel mojado de un día para otro.

Además, debemos ser muy conscientes de que cada empresa está sola en esta lucha. Que nadie va a salvar a nadie. Es fundamental mantener la cabeza fría y no exigirnos hacer milagros en una situación económica tan compleja como confusa, que cambia en muy pocas horas y sobre la que es difícil alcanzar alguna certidumbre a unos meses vista.

Por último, a pesar de la presión a la que estemos sometidos –y todos estaremos sometidos a mucha en los próximos meses− es fundamental no perder la ética en la toma de decisiones.