Históricamente, las pymes se han encargado por sí mismas de negociar y obtener la financiación que han requerido en cada momento. Incluso, en este ámbito, no han llevado a cabo una gestión proactiva de búsqueda e identificación de las mejores opciones de financiación, sino que han venido asumiendo un papel pasivo consistente en esperar a que algunas entidades financieras se aproximen a ellas para, en ese momento, iniciar una negociación conducente a obtener algún tipo de financiación.

Esta forma de ir “a remolque” de lo que nos puedan ofrecer los proveedores, en este caso financieros, no parece ser la mejor forma de obtener los mejores resultados. Todo hace pensar que es más lógico que, una vez identificada una necesidad de financiación, sea la empresa la que tome la iniciativa de salir al mercado a buscar la mejor solución.

Este rol pasivo asumido por las pymes ha llevado a muchas de ellas a acabar teniendo en su pool bancario a entidades financieras que no son las más adecuadas y, a su vez, ha hecho que no estuvieran en su pool bancario otras entidades financieras que, efectivamente, podrían proporcionarle las mejores soluciones de financiación del mercado. Ello también ha provocado que muchas pymes acaben teniendo contratados productos bancarios, no sólo de financiación, que no necesitan y que han tenido que aceptar por exigencia del banco.

El principal hándicap que ha dificultado la asunción por parte de la pyme de un rol proactivo ha sido la falta de un conocimiento profundo de los proveedores que operan en el mercado y de las soluciones que ofrecen. Ciertamente, no podemos recriminar a la empresa el hecho de que no conozca pormenorizadamente todas las opciones y soluciones financieras, máxime cuando cada día aparecen nuevos productos y nuevos agentes a operar en este sector. Pero sí es cierto que, el empresario o directivo, debería autoexigirse la capacidad de explorar e identificar las fórmulas de acceso a la financiación, sean las que sean, que puedan conducir a obtener los mejores resultados.

En este caso, la mejor fórmula para encarar un proceso de obtención de financiación es externalizar las gestiones en una empresa especializada en este ámbito. Aquí también cabe hacer notar que no son especialistas todos aquellos que operan en un sector y que se autoproclaman como tales. El empresario o directivo debe tener la capacidad de discriminar entre las empresas que son verdaderamente profesionales y aquellos otros que son meros charlatanes.

Erróneamente, se puede pensar que el coste que supone la contratación de una empresa experta en búsqueda de financiación es un coste que se debe evitar. Esta es una visión muy primaria de la que debemos huir, puesto que la externalización y profesionalización de la búsqueda de financiación nos permitirá acceder a mejores condiciones económicas que neutralizarán el coste de la gestión y permitirán al equipo diretivo de la empresa centrarse en otros ámbitos de la gestión donde pueden aportar más valor.

Kreedit | 2018