Ya lo avanzamos hace unos meses: la banca no está, ni se la espera. Los nubarrones que acechan en el horizonte han asustado -¡y de qué manera!- a la banca tradicional, que lleva varios meses replegándose. Algunas entidades han desaparecido por completo del mercado de la financiación a pymes. Se han extendido, de forma generalizada, las reducciones de límites de financiación de circulante -que estrangulan la operativa de las pymes- y son ya unos cuantos bancos los que han tomado la decisión firme de no estudiar las solicitudes de financiación planteadas por nuevos clientes.

También es cierto que hay quien aprovecha este repliegue de la banca tradicional para pegar un buen mordisco al pastel y arañar un poco más de cuota de mercado. Nos referimos a algunas compañías de direct lending -la banca en la sombra- y algunos organismos públicos que han visto en este escenario su oportunidad para ganar visibilidad y negocio. Aunque no van a cubrir, ni mucho menos, el agujero que está dejando la banca convencional.

Con todo ello, las pymes son las que van a sufrir más. A las dificultades que ya venían padeciendo por la reducción del ritmo de entrada de pedidos y una cierta reducción de márgenes, se va a sumar la obligación de amortizar antes de lo esperado la deuda bancaria a corto plazo. Y ello, en muchos casos, es materialmente imposible.

Como ya hemos visto en momentos anteriores, la reducción de la financiación bancaria puede suponer el detonante para la caída de una larga fila de fichas de dominó: descenso de la inversión, incremento de la morosidad, ralentización de la entrada de pedidos, deterioro de la solvencia empresarial, reducción de márgenes, concursos de acreedores, etc.

El desafío al que se van a enfrentar muchas pymes no es menor y pondrá, nuevamente, de manifiesto la verdadera capacidad de gestión de unos y otros equipos directivos.

Jordi Solé Tuyá
Director Ejecutivo
Kreedit | Financiación Empresarial

Noviembre de 2019